martes, 1 de octubre de 2013

EL ALIMENTO DE LOS MUERTOS

Se han cerrado tantos ciclos, se han abierto tantas simas... y tus ojos se abren y cierran, tartamudean. Y yo que no entiendo más que a aquellos que hablan estirando los brazos y tendiéndome las alas no puedo más que pensar en una mañana de junio de hace tantos años... menudo septiembre más aciago... me digo en voz alta, gritando tan alto como me permite esta Times sin negrita ni adornos varios.

E aquí una prueba de la imprecisión de "la parla" a nivel objetivo. Pero parafraseando a Lacan, aquí diré que: "Yo digo toda la verdad."

Que los muertos.

Que los.

Que.

Qué?

A sí, los muertos, he conocido a tantos muertos...

Y como sucedía en un conocido sueño interpretado por Freud, ellos no sabían que habían fallecido.

Lo peor de los muertos sin duda es ese miedo primitivo que despierta en los vivos, miedo que consiste en creer que el muerto puede querer llevárselos consigo al más allá. Pero eso se debe a que en la mayoría de los casos los vivos no saben que los muertos les temen.

Miren, en caso de que quieran poder distinguir si aquellos que les rodean están o no están muertos recuerden esta sentencia de Elias Canetti (2010. Libro de los muertos. p, 38):


            Los muertos se alimentan de juicios; los vivos, de amor.


                                                                                                               Francis García Collado